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    January 24

    El secreto del amor

     

    El secreto del amor

    Cuenta una vieja leyenda de los indios sioux que, una vez, hasta la tienda del viejo brujo de la tribu llegaron, tomados de la mano, Toro Bravo,el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.

    - Nos amamos - empezó el joven.

    - Y nos vamos a casar - dijo ella.

    - Y nos queremos tanto que tenemos miedo.

    - Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán.

    - Algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos.

    - Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.

    - Por favor - repitieron - ¿hay algo que podamos hacer?

    El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados,tan anhelantes esperando su palabra.

    - Hay algo... - dijo el viejo después de una gran pausa. Pero no sé...es una tarea muy difícil y sacrificada.

    - No importa - dijeron los dos.

    - Lo que sea - ratificó Toro Bravo.

    - Bien - dijo el brujo, Nube Alta - ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo ATRAPAS, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendiste?

    La joven asintió en silencio.

    - Y tú, Toro Bravo - siguió el brujo - deberás escalar la montaña del trueno cuando llegues a la cima, encontrar la más bravía de todas las águilas y solamente con tus manos y una red deberás atraparla sin heridas y traerla a mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta... Salgan ahora.-

    Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur..

    El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.

    El viejo les pidió que con cuidado las sacaran de las bolsas. Los jóvenes lo hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo los pájaros cazados. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda los mejores de su estirpe.

    -¿Volaban alto? - preguntó el brujo.

    - Si, sin dudas. Como lo pediste... ¿Y ahora? - preguntó el joven -.

    - Hagan lo que les digo.-dijo el brujo - Tomen las aves y atenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero... Cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.

    El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros. El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a Picotazos entre sí hasta lastimarse.-

    Este es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto. Son ustedes como un águila y un halcón; si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, vuelen juntos pero jamás atados...

     

     

    De suertes y desgracias

     
     
    De suertes y desgracias

    Había una vez un campesino chino, pobre pero sabio, que trabajaba la tierra duramente con su hijo. Un día el hijo le dijo:

    -¡Padre, qué desgracia! Se nos ha ido el caballo.

    -¿Por qué le llamas desgracia? - respondió el padre, veremos lo que trae el tiempo...

    A los pocos días el caballo regresó, acompañado de otro caballo.

    -¡Padre, qué suerte! - exclamó esta vez el muchacho - Nuestro caballo ha traído otro caballo.

    -Por qué le llamas suerte? - repuso el padre - Veamos qué nos trae el tiempo.

    En unos cuantos días más, el muchacho quiso montar el caballo nuevo, y éste, no acostumbrado al jinete, se encabritó y lo arrojó al suelo. El muchacho se quebró una pierna.

    -¡Padre, qué desgracia! - exclamó ahora el muchacho -. ¡Me he quebrado la pierna!

    Y el padre, retomando su experiencia y sabiduría, sentenció:

    -¿Por qué le llamas desgracia? Veamos lo que trae el tiempo!

    El muchacho no se convencía de la filosofía del padre, sino que gimoteaba en su cama. Pocos días después pasaron por la aldea los enviados del rey buscando jóvenes para llevárselos a la guerra. Vinieron a la casa del anciano, pero como vieron al joven con su pierna entablillada, lo dejaron y siguieron de largo. El joven comprendió entonces que nunca hay que dar ni la desgracia ni la fortuna como absolutas, sino que siempre hay que darle tiempo al tiempo, para ver si algo es malo o bueno

     

     

    Desterrando a un fantasma

     

    Desterrando a un fantasma

    La esposa de un hombre estaba muy enferma. En su lecho de muerte le dice, "¡Te amo demasiado!, no quiero dejarte, y no quiero que me traiciones. Promete que no verás otras mujeres cuando yo muera o volveré para rondarte.

    Durante varios meses después de su muerte el marido evitó a otras mujeres, pero conoció a alguien y se enamoró. En la noche que se comprometieron, el fantasma de su difunta esposa se le apareció. Ella lo acusó de no cumplir con la promesa, y volvió todas las noches para atormentarlo.

    El fantasma le recordaba todo lo que habían pasado él y su prometida ese día, hasta el punto de repetir, palabra por palabra, las conversaciones que habían tenido. Esto lo trastornó tanto que no pudo dormir nada.

    Desesperado buscó el consejo de un maestro Zen que vivía cerca del pueblo. "Este fantasma es muy listo", dijo el maestro luego de oír la historia del hombre, "¡Lo es!", contestó el hombre. "Recuerda cada detalle de lo que dije e hice. ¡Sabe todo!" El maestro sonrió. "Deberías admirar a un fantasma así, pero yo te diré que hacer la próxima vez que aparezca."

    Esa noche el fantasma regresó. El hombre hizo exactamente lo que le había dicho el maestro. "Eres un fantasma muy sabio", dijo, "Sabes que no te puedo esconder nada. Si puedes responderme una pregunta, romperé el compromiso y permaneceré soltero por el resto de mi vida".

    "Haz la pregunta", contestó el fantasma. El hombre sacó un puñado de frijoles de una gran mochila que estaba en el piso, "Dime exactamente cuantos frijoles tengo en mi mano".

    En ese momento el fantasma desapareció y no volvió nunca más.

     

     

    January 14

    La felicidad

     
     
    Una antigua leyenda hindú narra que en un viejo monasterio, en las lejanas montañas del Himalaya,
    se encontraba fuertemente custodiado el secreto de Dios:
    "Cómo puede el ser humano lograr la felicidad".
    Dios, decepcionado por la soberbia del hombre,
    eligió ese lugar para esconderlo.  

    Según la leyenda, por la ayuda que prestó un intrépido explorador a un monje, al salvarlo de morir ahogado en un río, además de haberlo reconfortado y alimentado sin interés alguno, el monje le entregó,
    en agradecimiento, un mapa con extrañas inscripciones que había heredado, como único tesoro, de su maestro espiritual, y sin tener otra cosa más valiosa para gratificar su ayuda, se lo dio al explorador.

    Durante varios años, el explorador intentó descifrarlo. Decepcionado, por lo inútil de sus esfuerzos, en un arranque de cólera lo lanzó al río, que casualmente era el mismo en el que había salvado al monje. En cuanto el pergamino tocó el agua,
    se tomó luminoso y se reveló el código para interpretarlo. De inmediato lo rescató y, para su sorpresa, la inscripción indicaba el lugar en el que se encontraba el secreto de Dios.   

    La travesía duró dos años, por lo intrincado e inaccesible de los caminos. Muchas veces, el explorador erró el rumbo y tuvo que desandar largas rutas, pues sus únicas señales eran las estrellas, las cuales, en noches oscuras, lo hicieron extraviarse. Finalmente, divisó un monasterio sobre el saliente de una roca, al pie de una gran montaña. Se acercó cautelosamente y llegó ante una puerta enorme que, para su asombro, estaba abierta sin vigilancia alguna. Su sorpresa fue mayor cuando salió a su encuentro un viejo monje, que con una amplia sonrisa le preguntó amablemente qué deseaba. 

    El explorador contó su extraña aventura,
    suplicándole le permitiera conocer el secreto de Dios. El monje le contestó:

    -El secreto de Dios está a su disposición, pero usted seguramente se preguntará cómo, si el mapa indica que está fuertemente custodiado. Le diré que el secreto se cuida solo; está labrado en una piedra y sólo lo podrá leer si el espíritu que lo guarda considera que usted es merecedor de conocerlo.

    -¿Y cómo sabré si soy digno o no?
    -preguntó el explorador.

    -El espíritu guardián le formulará una sola pregunta, y de su respuesta depende la revelación.

    El explorador siguió al monje al interior del monasterio, era un lugar místico;
    se escuchaban unos coros a lo lejos;
    estaba iluminado con lámparas de aceite,
    olía a incienso
    y se respiraba una profunda paz.

    El monje lo condujo a una capilla,
    que tenía por altar una gran roca,
    con una enorme cantidad de cirios
    encendidos a su alrededor.

    El explorador , admirado y con cierto temor,
    se acercó y en voz alta hizo su petición:

    -Deseo fervientemente conocer el secreto de Dios, saber cómo lograr ser plenamente feliz.

    El espíritu respondió:

    -¿Para qué deseas saberlo y qué harás con él?


    -Deseo ser feliz
    -contestó e inmediatamente agregó-, y si me es revelado, me comprometo a darlo a conocer al mayor número de personas que me sea posible.

    Para asombro del propio monje y del explorador,
    se escuchó la voz del espíritu:

    -Dejaría de ser un secreto si lo revelaras
    a otra persona. Si te comprometes a no divulgarlo,
    se te dará la oportunidad, ¿qué contestas?

    -Prefiero no conocerlo, pues no creo justo que, sabiendo la verdad, me quede solamente yo con ella.
    La mayoría de los seres humanos buscan la felicidad, pero no saben cómo alcanzarla.
    Lamento no poder comprometerme con lo que me pides.

    Se oyó aún más poderosa la voz del espíritu:

    -Has hablado, no con la inteligencia,
    sino con el corazón.
    Has manifestado el don más grande de la creación. Cumpliré la voluntad de Dios, revelar el secreto de la felicidad solamente a quienes buscan el amor.

    En ese momento se escuchó un estruendo ensordecedor y la piedra quedó intensamente iluminada, dejando ver con claridad el mensaje:  

    "..La felicidad es una decisión,
     que llevas en el corazón
    si te mantienes por encima de las circunstancias; dale sentido a tu vida, al sufrimiento,
    a la enfermedad y a la muerte;
    si logras la trascendencia de tu ser
    y vivir solamente el presente,
    la felicidad será tuya
    y permanecerá en ti para siempre...."



    January 02

    Ante una nueva etapa

     

    Ante una nueva etapa

    Ante toda etapa que concluye, ante toda tarea cumplida, se impone un grato sentimiento de bienestar y, por qué no, de gratitud: la vida fluye y nos ha ayudado brindándonos circunstancias propicias.

    Sin embargo, si sabemos elevar  nuestra mirada para ver qué se esconde detrás de cada hecho, también tendremos la capacidad de aceptar la piedra que entorpece el camino o el imprevisto que demora la concreción  de un proyecto anhelado. Hasta en los momentos más difíciles de la vida, formamos parte de un suceso maravilloso que merece ser agradecido: estamos vivos.

    Por supuesto, no se trata de valorarlo en virtud de las posesiones materiales ni de la mayor o menor suerte que - pensamos - nos acompaña. Se trata de descubrir que todo ser, tan sólo por existir, revela un  secreto, recrea la mayor magia de la que podemos ser partícipes: la vida misma.

    Cómo nos sorprendemos cuando nos despertamos por la mañana y abrimos nuestros ojos. Cómo olvidar que hoy es un día  irrepetible y único, y que nosotros tenemos el privilegio de vivirlo en plenitud...

    Así, cada objeto, cada persona, cada palabra, cobrarán un nuevo significado, el que nunca deberían haber dejado de albergar, y llenarán de sentido nuestro espacio vital.

    Todo ser humano llega a este mundo para cumplir una misión  impostergable: aprender a quererse, conocerse en profundidad, apreciar lo que tiene, aceptar a quienes lo rodean y, entonces, transitar el camino que se abre frente a él. No importa si, en algunos tramos, el terreno es escarpado: sólo son pruebas a las que el destino lo somete a fin de fortalecer su espíritu. Sepamos apreciar toda bondad y toda belleza que nos rodee, por pequeña que sea.

    Pero, también, sepamos reconocer qué nos está tratando de señalar la vida cuando nos presenta obstáculos, una y otra vez. Y, sobre todo, tratemos de no perder nunca de vista que  de nosotros depende, en gran medida, aquello que nos sucede. 

    Si comprendemos el sentido último e invalorable de nuestra existencia, habremos encontrado la mejor forma de empezar a vivirla plenamente: agradecer la vida.