November 14
LA FLOR
En un tiempo, una persona me regalaba una rosa para la solapa de mi
traje todos los domingos. Como siempre recibía la flor, en realidad
no pensaba demasiado en el tema. Era un gesto agradable que
apreciaba, pero se convirtió en una rutina. Sin embargo, un
domingo, lo que consideraba común resulto muy especial.
Salía del servicio religioso dominical cuando se me acercó un
jovencito. Caminó directamente hacia mí y me dijo:
-Señor, ¿qué va a hacer con su flor?
Al principio no sabía de qué hablaba, pero luego entendí.
-¿Te refieres a ésta?- le pregunté, y señalé la rosa pinchada en mi
chaqueta.
-Sí, señor -asintió él-. Si va a botarla, me gustaría tenerla.
En ese momento sonreí y le dije, con mucho placer, que podía
quedarse con mi flor, al tiempo que le preguntaba qué pensaba hacer
con ella. El muchacho, que debía de tener menos de diez años, me
miró y dijo:
-Se la daré a mi abuela, señor. Papá y mamá se divorciaron el año
pasado. Yo vivía con mi madre, pero cuando se volvió a casar, quiso
que viviera con mi padre. Viví con él un tiempo, pero dijo que no
podía quedarme más, por lo tanto me mandó a vivir con mi abuela.
Ella es buenísima conmigo. Cocina para mí y me cuida. Ha sido tan
buena que quiero darle esa linda flor por quererme.
Cuando el niño terminó, yo apenas podía hablar. Tenía los ojos
llenos de lágrimas y supe que me había emocionado hasta lo más hondo
del alma. Me desprendí la flor. Con la flor en la mano, miré al
niño y le dije:
-Hijo, es lo más lindo que he oído hasta ahora, pero no puedes
llevarle sólo esta flor porque no es suficiente. Si vas hasta el
púlpito, verás un gran ramo de flores. Distintas familias las
compran para la iglesia todas las semanas. Por favor, llévale esas
flores a tu abuelita porque ella se merece lo mejor.
Como si ya no me hubiera emocionado lo suficiente, dijo una última
frase que no olvidaré jamás. Dijo:
-¡Qué día fantástico!. Pedí una flor y conseguí un ramo lindísimo.
November 11
EL LENGUAJE DEL AMOR
Un padre le obsequió a uno de sus hijos un bello rosal. Se le
acercó con amor y le dijo: -Hijo mío, te he entregado un rosal.
Puedes visitarlo y encontrar el amor en cada pétalo de cada rosa que
he puesto para ti.
Entonces el hombre entró corriendo al terreno, corriendo y
gritando... buscando el rosal. Mas no encontraba ni una, ¡ni
siquiera una rosa en el terreno!.
Entonces enfurecido gritaba: -¿Dónde están las rosas, me han
engañado acaso? Y pisaba muy fuerte y corría. Y era fuerte su
temperamento, como fuerte era su paso, como fuerte era su voz. Y no
encontraba ni una... ni siquiera una rosa en el terreno.
Entonces se alejó, y buscó en otros terrenos. Y cada vez su furia
aumentaba, pues no encontraba ni una... ¡ni siquiera una rosa en los
terrenos!.
¡Más alta era su voz!, ¡Más fuerte su lenguaje!... lenguaje separado
del amor... Hasta que un día se cansó... se cansó de correr y de
pisar fuerte, y su garganta se cansó del grito y del enojo. Y su
corazón no resistió, no resistió más la ira.
Entonces el hombre sentado en medio del terreno lloró... Con sus
lágrimas inundó el terreno, y con su voz muy... muy apesadumbrada,
también lloraba, también lloraba al no encontrar ni una... ¡ni
siquiera una rosa en el terreno!. Lloró durante días. El sol
salía y secaba las lágrimas.
Mas el hombre volvía a llorar. Hasta que un día, cuando empezó a
mirar con sus ojos cansados, más limpios ya sin lágrimas, vio como
brotaba un tallito de rosa.
Se acercó muy silencioso y sigiloso y observó, que sí...¡era un
botón de rosa! Entonces le dijo: -¿Por qué has esperado tanto para
salir?. ¿Si mi padre me regaló, no una, sino un rosal?.
Entonces el botón de rosa le respondió: -Porque has gritado muy
fuerte y has pisado muy fuerte, y nosotras las rosas nos hemos
asustado con tu enojo. Cuando llegabas al terreno temblábamos...
Temblaban nuestros pétalos y temblaban nuestros tallos, y nos
enterrábamos nuevamente para que no nos lastimaras con tu ira.
Si quieres que broten las rosas... encuentra el lenguaje del amor.
Ese lenguaje que no grita...
Ese lenguaje que no hiere...
Ese lenguaje que no ofende...
Ese lenguaje que no insulta...
Ese lenguaje que no pronuncia palabras tan duras...
Ese lenguaje que solo dice: ¡Te amo!...
Te amo infinitamente. Te amo porque sí... y ¡acepto el amor que
suavemente brota para ti!
El hombre entendió... y habló bajito. Y encontró los más bellos
versos, que hicieron grandes poemas. Y después encontró otros, que
hicieron dulces cantos.Y con su suave voz cantó al terreno... y
cantaba y cantaba... ¡más!, no tenía apuro. No le importaba si había
aparecido un solo botón, pues con su dulce canto, celebraba el poder
estar apreciando aunque fuera un pétalo de rosa.
Después de cantar y hacer los poemas, de pronto miró a su alrededor
y estaba en medio de ¡tantas y tantas y tantas rosas de colores! que
ni siquiera el hombre podría contarlas, pues era ese número
infinito, ese número que se encuentra con Dios y se hace
interminable.
Y el terreno fue bello, y las rosas no murieron... ¡fueron rosas
eternas!. Pues el suave lenguaje del amor les alimentaba como el
mejor de los abonos. Y cada vez eran más coloridos los pétalos y
cada vez era más y más bello el terreno.
El enojo y la dureza no alimentan los terrenos. Es el amor el mejor
abono para que las rosas broten sin temor...
EL BARBERO Y DIOS
Un hombre fue a una barbería a cortarse el cabello y recortarse la
barba.
Como es costumbre en estos casos entabló una amena conversación con
la persona que le atendía.
Hablaban de tantas cosas y tocaron muchos temas. De pronto, tocaron
el tema de Dios.
El barbero dijo:
- Fijese caballero que yo no creo que Dios exista, como usted dice.
- Pero, ¿por que dice usted eso? -pregunta el cliente.
- Pues es muy fácil, basta con salir a la calle para darse cuenta de
que Dios no existe. O... dígame, ¿acaso si Dios existiera, habría
tantos enfermos?, ¿Habría niños abandonados?. Si Dios existiera, no
habría sufrimiento ni tanto dolor para la humanidad. Yo no puedo
pensar que exista un Dios que permita todas estas cosas.
El cliente se quedó pensando un momento, pero no quiso responder
para evitar una discusion.
El barbero terminó su trabajo y el cliente salió del negocio.
Recién abandonaba la barbería, cuando vio en la calle a un hombre
con la barba y el cabello largo; al parecer hacía mucho tiempo que
no se lo cortaba y se veía muy desarreglado.
Entonces entró de nuevo a la barbería y le dijo al barbero.
- ¿Sabe una cosa? Los barberos no existen.
- ¿Como que no existen? -pregunta el barbero- Si aquí estoy yo y soy
barbero.
- ¡No! -dijo el cliente- no existen, porque si existieran no habría
personas con el pelo y la barba tan larga como la de ese hombre que
va por la calle.
- Ah, los barberos si existen, lo que pasa es que esas personas no
vienen hacia mí.
- ¡Exacto! -dijo el cliente- Ese es el punto.