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December 07 El ultimo arbol de NavidadEL ÚLTIMO ÁRBOL DE NAVIDAD
Esa noche vi a un camión aproximarse lleno de árboles de Navidad. El conductor un hombre maduro, los puso al centro de la plaza y comenzó a venderlos. Les colgó algunas luces, y clavó un letrero con un clavo "Árboles frescos de Navidad" decía en rojo. "Se venden árboles frescos de Navidad". El se sirvió un chocolate caliente, de un termo aún humeante y los copos de nieve comenzaron a caer, mientras un carro familiar se acercó hacia él y paró. Una mamá un papá y un pequeño niño, que no podría tener más de tres años, saltó del coche y comenzó a buscar el árbol de Navidad perfecto.
El pequeño revisaba las hileras de árboles de arriba a abajo, su nariz oliendo el aire; ¡huele a Navidad mamá! ¡Huele a Navidad en todo este lugar! Tomemos el árbol más grande que podamos, un árbol que mida diez kilómetros de alto, un árbol que atraviese nuestro techo, un árbol que toque el cielo. Un árbol tan grande, que cuando lo vea Santa Claus, se detenga y diga: "Ese es el mejor árbol de Navidad que he visto en esta noche".
Pareció como si vieran a todos los árboles por lo menos tres millones de veces, y papá los agarró, los volteó y hasta olió, para encontrar el árbol perfecto de Navidad. Lo he encontrado mamá, el árbol que más me gusta de todos, tiene una pequeña parte pelona, pero la volteamos hacia la pared y listo. Pondremos el ángel de la Abuela Rosita, hasta arriba, en esa punta tan lejana. ¿Podemos comprarlo? ¡por favor mamá, por favor! ¿Podemos comprarlo hoy?
¿Les puedo ofrecer un poco de chocolate? preguntó el hombre que era dueño del lote, y diciendo esto destapó el termo, esto realmente les calentará. Sirvió el chocolate caliente, en tres vasos de papel pequeños, brindaron por la Navidad y se bebieron todo el chocolate.
¿Este es el que quieres? -preguntó el hombre de los árboles- ¡Este es el mejor pino de todo el lugar", pero el muchacho se veía triste: "Dice mi papá que ese precio no puede pagar". ¡Entonces Feliz Navidad!, dijo el hombre quien envolvió el árbol para llevar, "es tuyo por sólo una promesa, deberás de respetar siempre la Navidad".
En la víspera de Navidad, cuando te vayas a dormir, debes doblar tus manos y orar, prométemelo de verdad, para mantener la dicha en Navidad. Ahora ve a casa, que este aire helado está tornando tus cachetes en rosado y pídele a tu papá, que abra el tronco, y le de al árbol un poco de agua.
Y así siguió toda la noche el hombre de los árboles, vendiendo y dando árbol, tras árbol, tras árbol, hasta la última persona que vino a comprar, hasta la última persona con la que brindó en pequeños vasos de papel, al que hizo la promesa, al que tenía alegría en su corazón, al que cantaba villancicos, y al que se perdió en la oscuridad. Y entonces terminó, sólo un árbol quedaba solitario; pero no quedaba nadie más en el pueblo para darle un hogar.
El hombre se puso un abrigo rojo y un sombrero y arrastró el último árbol de Navidad hasta un bosque cercano. Dejó el árbol cerca de un arroyo, en el frío, para que las criaturas sin casa del bosque, pudieran usarlo ese invierno. El sonrió mientras se quitaba, algo de nieve de su barba, cuando de lo espeso del monte un venado apareció. Él sin asustarse le acarició la cabeza a ese enorme venado y dijo: "parece que hemos comenzado la Navidad otra vez. Hay muchos kilómetros por recorrer, y aún mucho por hacer, así que vamos amigo, vayamos a casa, para mañana de nuevo comenzar.
El miró al cielo y se oyeron unos cascabeles sonar, y en ese momento el hombre desapareció.
NochebuenaMientras todos los niños ayudaban en sus casas en los preparativos para la Nochebuena, Pedro, de 7 años de edad, trabajaba en la joyería de Don Juan para ayudar con el sostenimiento de su casa. Don Juan era un joyero de mucho dinero, pero al mismo tiempo, un hombre sin familia, a quien solamente le importaba el dinero y miraba a Pedro como un simple trabajador más no como un niño.
El día de Navidad Pedro quería retirarse temprano del trabajo para comprar algunas cosas para la cena y ayudar a su mamá. Contemplando en la ventada como algunos niños jugaban, Pedro escuchó un grito que lo hizo temblar: -¡Pedro!, gritó Don Juan. El niño continuó trabajando, con lágrimas en los ojos. Su corazón estaba muy triste y angustiado y temía que Don Juan no lo dejase pasar Navidad junto a su familia. En medio de ese aterrador pensamiento, elevó una plegaria a la Virgen María pidiéndole su intercesión para que pudiese pasar una linda Navidad con su familia. Poco después, Don Juan, inesperadamente, gritó tan fuerte que casi se le sale el corazón a Pedro. Don Juan seguía atemorizado por lo que según él había visto. No queriendo permanecer ni un momento solo se le ocurrió pedirle a Pedro que se quedara con él hasta bien entrada la noche. "Por si acaso", pensó. Don Juan llamó al niño y le dijo: Don Juan no le quería confesar que estaba asustado y el niño lo sabía, pero él se resistía a quedarse porque era Navidad. Entonces, se le ocurrió una magnífica idea: "invitar a Don Juan a su casa a pasar la Navidad". Al final de la noche, Don Juan se comprometió a ser más justo y considerado con el niño, y a desprenderse de sus bienes a favor de los más necesitados. December 02 El regalo de NavidadEL REGALO DE NAVIDAD
Un amigo mío llamado Pablo recibió un automóvil de parte de su hermano como regalo de Navidad. En Nochebuena cuando Pablo salió de su oficina, un pilluelo estaba caminando alrededor del flamante auto nuevo, admirándolo. "¿Es este su auto señor?" preguntó. Pablo asintió. "Mi hermano me lo regaló por Navidad." El joven estaba asombrado. "¿Quiere decir que su hermano se lo regaló y que no le costó ni un centavo?, vaya, ya quisiera…" Vaciló. Claro que Pablo sabía lo que deseaba. Deseaba tener un hermano como el suyo. Pero lo que el muchacho le dijo sacudió a Pablo hasta sus talones. "Desearía," continuó el chico, "poder ser un hermano como el suyo". Pablo miró al muchacho sorprendido, e impulsivamente añadió, "¿Te gustaría dar una vuelta en mi auto?" "Claro que sí, me encantaría". Luego de un corto paseo, el jovencito se volvió y con los ojos encendidos, dijo, "Señor, ¿le importaría manejarlo frente a mi casa?" Pablo sonrió ligeramente. Creyó saber lo que el mozalbete quería. Quería mostrar a sus vecinos que podía llegar a casa en un gran automóvil. Pero se equivocó nuevamente. "¿Podría detenerse donde están esas dos gradas?" preguntó el muchacho. Subió los escalones. Pronto Pablo lo oyó regresar, pero no venía rápido. Estaba cargando a su pequeño hermano lisiado. Lo sentó al final de la grada, luego como que lo giró para que pueda ver el auto. "Ahí está hermanito, como te dije adentro. Su hermano se lo regaló por Navidad y no le costó un centavo. Y algún día yo te voy a regalar uno igual a éste… así podrás ver todas las hermosas cosas en las ventanas navideñas que te he estado tratando de describir". Pablo salió y levantó al muchachito y lo sentó en el asiento delantero de su auto. Luego su hermano mayor subió atrás y los tres empezaron un gran paseo navideño. Esa Nochebuena, Pablo aprendió lo que Jesús quería decir cuando dijo, "Hay mayor alegría en dar".
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