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    April 09

    El amor mas grande del mundo



    EL AMOR MÁS GRANDE DEL MUNDO


    Cierta vez, un joven esposo esperaba impaciente el nacimiento de su
    primer hijo, aunque él deseaba un niño, nació una preciosa niña. Al
    poco rato de haber nacido su hija, fue a verla, ésta lucía radiante,
    gordita y dormilona.

    Le pusieron el nombre de MARIA JOSE. Aunque el papá al principio
    sufrió una desilusión porque quería tener un niño, a los pocos meses
    de convivir con su hijita, él se dejó cautivar por la sonrisa de
    María José, y por la forma de su mirada fija y penetrante, fue
    entonces cuando él empezó a amarla con locura. ¡Sí!, en verdad, su
    carita, su sonrisa, su mirada, no se apartaban ni un instante del
    pensamiento del papá, todo se lo quería comprar, hacía planes para
    ella y todo sería para su María José.

    El papá contaba a sus amigos este relato muy a menudo y sus amigos
    también sentían afecto por la niña, ya que según decía él mismo, su
    hija era la razón más grande de vivir.

    Una tarde en reunión con sus amigos en un picnic a la orilla de una
    laguna cerca de la casa, la niña empieza una conversación con su
    papá, todos escuchaban lo que conversaban, que más o menos se
    desarrolló así:
    - Papi,... cuando cumpla quince años, ¿cuál será mi regalo?
    - Pero mi amor, si apenas tienes diez añitos ¿no te parece que falta
    mucho para esa fecha?
    - Bueno Papi, tu siempre dices que el tiempo pasa volando, aunque yo
    nunca lo he visto por aquí.
    La conversación se extendía y todos participaban de ella, al caer el
    sol todos regresaron a sus hogares.

    Una mañana frente al colegio en donde estudiaba María José, quien
    ahora ya tenía 14 años, el papá se encontró con un amigo, el papá de
    María José estaba muy contento y la sonrisa no se apartaba de su
    rostro, con gran orgullo mostraba el registro de calificaciones de
    María José, eran notas impresionantes, ninguna bajaba de veinte
    puntos y los estímulos que les habían escrito sus profesores eran
    realmente conmovedores.

    María José ocupaba un lugar muy importante en la mente y en el
    corazón de toda la familia, especialmente en la de su papá.

    Fue un domingo muy temprano cuando se dirigían a la iglesia, todos la
    vieron con sus padres cuando María José tropezó con algo, eso creían
    todos, y dio un traspié, su papá la agarra de inmediato para que no
    cayera.

    Ya instalados en los asientos de la iglesia, todos vieron como María
    José fue cayendo lentamente sobre el banco y casi perdió el
    conocimiento. La mamá la tomó en brazos mientras el papá buscaba un
    taxi para llevarla al Hospital. Allí permaneció por 10 días y fue
    entonces cuando le informaron que la niña padecía de una gran
    enfermedad que afectaba seriamente su corazón, pero no era algo
    definitivo, que debían practicarle otras pruebas para llegar a un
    diagnóstico firme.

    Los días transcurrieron y el papá tubo que renunciar al trabajo para
    dedicarse al cuidado de María José, la mamá quería hacerlo pero
    decidieron que ella trabajaría, pues sus ingresos eran superiores a
    los de él.

    Una mañana cuando el papá se encontraba junto a su hija, ella le
    pregunta:
    - Voy a morir ¿no es cierto?
    - No mi campanita, no vas a morir, Dios es tan grande que no
    permitiría que pierda lo que más he amado en el mundo,... respondió
    el papá.
    - Y cuando uno muere ¿van a algún lugar?, ¿Pueden ver desde lo alto a
    las personas? O ¿sabes si pueden volver?
    - Bueno hijita, en verdad nadie ha regresado de allá a contar sobre
    eso, pero si yo muriera, no te dejaría sola, buscaría la manera de
    comunicarme contigo, en última instancia, si pudiera utilizaría el
    viento para venir a verte.
    - ¿Al viento?, Y ¿cómo harías eso?
    - No tengo la menor idea hijita, pero si algún día muero, me gustaría
    hacerte sentir que estoy contigo cuando un suave viento roce tu cara
    y una brisa bese tus mejillas.

    Ese mismo día por la tarde, le avisaron al padre de la niña que el
    asunto era grave, su hijita estaba muriendo, necesitaban un corazón
    pues el de ella no resistiría sino unos 15 días.

    ¡Un corazón!, ¿Dónde encuentro un corazón?, Acaso lo venden en la
    farmacia, ¡un corazón! ¿Dónde?. Ese mismo día, María José cumpliría
    15 años.

    Fue el viernes por la tarde cuando consiguieron un donante, las cosas
    iban a cambiar.

    El domingo por la tarde, ya María José estaba operada, todo salió
    como los médicos lo habían planeado. ¡EXITO TOTAL!.

    Sin embargo, el papá de María José no había regresado al Hospital y
    María José lo extrañaba muchísimo, su mamá le decía que ya todo
    estaba bien. María José permaneció 15 días más en el Hospital hasta
    que su corazón estuviera fuerte y luego la llevaron a la casa. Al
    llegar todos se sentaron en un enorme sofá, y su mamá con los ojos
    llenos de lágrimas, le entregó una carta de su papá, que decía así:

    María José, mi gran amor:
    Al momento de leer mi carta, debes tener 15 años y un corazón fuerte
    latiendo en tu pecho, esa fue la promesa de los médicos que te
    operaron, no puedes imaginarte ni remotamente cuanto lamento no poder
    estar a tu lado en este instante.
    Cuándo supe que ibas a morir, sentí que yo también moriría contigo y
    me preguntaba ¿Qué podía hacer?, después de tanto pensar y sentir mil
    cosas dentro de mí, decidí finalmente que la mejor manera de hacer
    algo por ti, era darle respuesta a una pregunta que me hiciste cuando
    tenías 10 añitos y a la cual no respondí.
    Decidí hacerte el regalo más hermoso que nadie jamás ha hecho:
    Te regalo toda mi vida, sin condición alguna, para que hagas con ella
    lo que creas que es mejor, sintiendo muchas cosas bellas y sabiendo
    que en el mundo lo más importante es que quieras vivir.
    ¡Vive Hija!. Te amo y también quiero que sepas que hoy, mañana y
    siempre estaré a tu lado porque eres lo más hermoso que Dios me ha
    dado.

    María José lloró todo el día y toda la noche, al día siguiente fue al
    cementerio y se sentó sobre la tumba de su papá, lloró como nadie lo
    había hecho y susurró:
    - Papi, ahora puedo comprender cuanto me amabas, yo también te amo
    aunque nunca te lo pude decir. Ahora comprendo la importancia de
    decir TE AMO, y te pido perdón por haber guardado silencio.

    En ese instante las copas de los árboles se movieron suavemente y
    cayeron algunas flores, María José sintió que un suave viento rozó su
    cara y una brisa fresca besó sus mejillas, alzó su mirada al cielo
    sintiendo una paz inmensa y dio gracias a Dios por eso. Se levantó y
    caminó a casa con la alegría de saber que lleva en su corazón:

    EL AMOR MÁS GRANDE DEL MUNDO




    April 02

    YO TE AMO, HIJO



    YO TE AMO HIJO


    Mario era un niño muy malo, desde pequeño hacía cosas que eran
    imposibles de pensar que pudiera hacer un niño de su edad. Le pegaba
    a los más pequeños, les quitaba la comida, el dinero y les dañaba los
    juguetes a los demás niños.

    Su madre le decía: "Yo te amo hijo mío, no hagas esas cosas". Y él
    sin embargo le decía: "Te odio".
    Y así pasó el tiempo y Mario creció, dejó la escuela y se dedicaba a
    hacer maldades. Pero un día Mario hizo algo muy malo, algo que no
    había hecho nunca: mató a un hombre por dinero.

    Él pensaba que nadie lo había visto, pero una señora lo vio y se lo
    dijo a la policía. Mario fue arrestado y fue llevado a juicio en
    donde el jurado lo declaró culpable. En una semana Mario iba a ser
    ahorcado. Incluso en la cárcel los demás reos le temían, y allá
    tampoco respetaba a nadie.

    Su madre iba a verlo todos los días y le llevaba galletas hechas por
    ella, y él se las tiraba en la cara y le decía siempre: "Te odio, por
    mí pudieras estar muerta".

    La madre siempre lloraba y no tomaba en cuenta todas esas cosas malas
    que le decía su hijo, ella simplemente le repetía todos los dias: "Yo
    te amo hijo mío, aunque me ofendas y me digas lo que quieras nunca
    voy a dejar de amarte".

    Y asi era todos los días. Ya sólo faltaban tres días para que Mario
    fuera ahorcado. Él pidió clemencia, pidió al juez que lo perdonara
    porque se dio cuenta que estaba muy joven para morir, pero el perdón
    le fue negado. Faltando sólo un día para su muerte, por primera vez
    Mario miró al cielo y pidió una oportunidad.

    Cuando el guardia fue a buscarlo Mario empezó a llorar y a pedir
    clemencia, pero mientras caminaba se dio cuenta de que iban en
    dirección opuesta al lugar en donde estaba la horca, y dijo: "¿Qué
    pasa?. La horca está del otro lado, ¿hacia dónde me llevan?".

    El guardia le dijo: "Ya eres libre, puedes irte a tu casa, alguien
    murió en tu lugar y ya estás perdonado".

    Mario muy feliz y muy extrañado preguntó quién fue esa persona que se
    atrevió a morir para que él recibiera el perdón y fuese puesto en
    libertad. El guardia le dijo: "Tu madre se ofreció a morir por ti".

    Mario se quedó pasmado, sus ojos por primera vez se llenaron de
    lágrimas, sintió que se le abría el corazón y dijo gritando a gran
    voz: "¡De verdad ella me amaba, de verdad me amaba!".