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    August 26

    Santa Mónica

     
    Santa Mónica

     
    Madre, Viuda
    Mónica significa: "
    dedicada a la oración y a la vida espiritual".
    P
    atrona de las mujeres casadas y modelo de las madres cristianas.

    Fiesta: 27 de agosto.

    Reseña:
    Nació en Tagaste (África) el año 331, de familia cristiana. Muy joven, fue dada en matrimonio a un hombre llamado Patricio, del que tuvo varios hijos, entre ellos
    San Agustín, cuya conversión le costó muchas lágrimas y oraciones. Fue un modelo de madres; alimentó su fe con la oración y la embelleció con sus virtudes. Murió en Ostia el año 387.
     

     


     
    LA IGLESIA venera a Santa Mónica, esposa y viuda. Su único hijo fue San Agustín, doctor de la Iglesia. Su ejemplo y oraciones por su hijo fueron decisivas. El mismo San Agustín escribe en sus Confesiones: "Ella me engendró sea con su carne para que viniera a la luz del tiempo, sea con su corazón, para que naciera a la luz de la eternidad"  Por su parte, San Agustín es la principal fuente sobre la vida de Santa Mónica, en especial sus Confesiones, lib. IX.

    Mónica nació en Africa del Norte, probablemente en Tagaste, a cien kilómetros de Cartago, en el año 332.

    Sus padres, que eran cristianos, confiaron la educación de la niña a una institutriz muy estricta. No les permitía beber agua entre comidas para así enseñarles a dominar sus deseos. Mas tarde Mónica hizo caso omiso de aquel entrenamiento y cuando debía traer vino de la bodega tomaba a escondidas. Cierto día un esclavo que la había visto beber y con quien Mónica tuvo un altercado, la llamó "borracha". La joven sintió tal vergüenza, que no volvió a ceder jamás a la tentación. A lo que parece, desde el día de su bautismo, que tuvo lugar poco después de aquel incidente, llevó una vida ejemplar en todos sentidos.

    Cuando llegó a la edad de contraer matrimonio, sus padres la casaron con un ciudadano de Tagaste, llamado Patricio. Era éste un pagano que no carecía de cualidades, pero era de temperamento muy violento y vida disoluta. Mónica le perdonó muchas cosas y lo soportó con la paciencia de un carácter fuerte y bien disciplinado. Por su parte, Patricio, aunque criticaba la piedad de su esposa y su liberalidad para con los pobres, la respetó y, ni en sus peores explosiones de cólera, levantó la mano contra ella.

    Mónica explicó su sabiduría sobre la convivencia en el hogar: "Es que cuando mi esposo está de mal genio, yo me esfuerzo por estar de buen genio. Cuando el grita, yo me callo. Y como para pelear se necesitan dos, y yo no acepto la pelea, pues… no peleamos". Esta fórmula se ha hecho célebre en el mundo y ha servido a millones de mujeres para mantener la paz en casa.

    Mónica recomendaba a otras mujeres casadas, que se quejaban de la conducta de sus maridos, que cuidasen de dominar la lengua por ser esta causante en gran parte de los problemas en la casa.  Mónica, por su parte, con su ejemplo y oraciones, logró convertir al cristianismo, no sólo a su esposo, sino también a su suegra, mujer de carácter difícil, cuya presencia constante en el hogar de su hijo había dificultado aún más la vida de Mónica. Patricio murió santamente en 371, al año siguiente de su bautismo.

    Tres de sus hijos habían sobrevivido, Agustín, Navigio, y una hija cuyo nombre ignoramos.  Agustín era extraordinariamente inteligente, por lo que habían decidido darle la mejor educación posible. Pero el carácter caprichoso, egoísta e indolente del joven haba hecho sufrir mucho a su madre. Agustín había sido catecúmeno en la adolescencia y, durante una enfermedad que le había puesto a las puertas de la muerte, estuvo a punto de recibir el bautismo; pero al recuperar rápidamente la salud, propuso el cumplimiento de sus buenos propósitos. Cuando murió su padre, Agustín tenía diecisiete años y estudiaba retórica en Cartago. Dos años más tarde, Mónica tuvo la enorme pena de saber que su hijo llevaba una vida disoluta y había abrazado la herejía maniquea. Cuando Agustín volvió a Tagaste, Mónica le cerró las puertas de su casa, durante algún tiempo, para no oír las blasfemias del joven. Pero una consoladora visión que tuvo, la hizo tratar menos severamente a su hijo. Soñó, en efecto, que se hallaba en el bosque, llorando la caída de Agustín, cuando se le acercó un personaje resplandeciente y le preguntó la causa de su pena. Después de escucharla, le dijo que secase sus lágrimas y añadió: "Tu hijo está contigo". Mónica volvió los ojos hacia el sitio que le señalaba y vio a Agustín a su lado. Cuando Mónica contó a Agustín el sueño, el joven respondió con desenvoltura que Mónica no tenía más que renunciar al cristianismo para estar con él; pero la santa respondió al punto: "No se me dijo que yo estaba contigo, sino que tú estabas conmigo".

    Esta hábil respuesta impresionó mucho a Agustín, quien más tarde la consideraba como una inspiración del cielo. La escena que acabamos de narrar, tuvo lugar hacia fines del año 337, es decir, casi nueve años antes de la conversión de Agustín. En todo ese tiempo, Mónica no dejó de orar y llorar por su hijo, de ayunar y velar, de rogar a los miembros del clero que discutiesen con él, por más que éstos le aseguraban que era inútil hacerlo, dadas las disposiciones de Agustín. Un obispo, que había sido maniqueo, respondió sabiamente a las súplicas de Mónica: "Vuestro hijo está actualmente obstinado en el error, pero ya vendrá la hora de Dios". Como Mónica siguiese insistiendo, el obispo pronunció las famosas palabras: "Estad tranquila, es imposible que se pierda el hijo de tantas lágrimas". La respuesta del obispo y el recuerdo de la visión eran el único consuelo de Mónica, pues Agustín no daba la menor señal de arrepentimiento.

    Cuando tenía veintinueve años, el joven decidió ir a Roma a enseñar la retórica. Aunque Mónica se opuso al plan, pues temía que no hiciese sino retardar la conversión de su hijo, estaba dispuesta a acompañarle si era necesario. Fue con él al puerto en que iba a embarcarse; pero Agustín, que estaba determinado a partir solo, recurrió a una vil estratagema. Fingiendo que iba simplemente a despedir a un amigo, dejó a su madre orando en la iglesia de San Cipriano y se embarcó sin ella. Más tarde, escribió en las "Confesiones": "Me atreví a engañarla, precisamente cuando ella lloraba y oraba por mí". Muy afligida por la conducta de su hijo, Mónica no dejó por ello de embarcarse para Roma; pero al llegar a esa ciudad, se enteró de que Agustín había partido ya para Milán. En Milán conoció Agustín al gran obispo San Ambrosio. Cuando Mónica llegó a Milán, tuvo el indecible consuelo de oír de boca de su hijo que había renunciado al maniqueísmo, aunque todavía no abrazaba el cristianismo. La santa, llena de confianza, pensó que lo haría, sin duda, antes de que ella muriese.

    En San Ambrosio, por quien sentía la gratitud que se puede imaginar, Mónica encontró a un verdadero padre. Siguió fielmente sus consejos, abandonó algunas prácticas a las que estaba acostumbrada, como la de llevar vino, legumbres y pan a las tumbas de los mártires; había empezado a hacerlo así, en Milán, como lo hacía antes en Africa; pero en cuanto supo que San Ambrosio lo haba prohibido porque daba lugar a algunos excesos y recordaba las "parentalia" paganas, renunció a las costumbres. San Agustín hace notar que tal vez no hubiese cedido tan fácilmente de no haberse tratado de San Ambrosio. En Tagaste Mónica observaba el ayuno del sábado, como se acostumbraba en Africa y en Roma. Viendo que la práctica de Milán era diferente, pidió a Agustín que preguntase a San Ambrosio lo que debía hacer. La respuesta del santo ha sido incorporada al derecho canónico: "Cuando estoy aquí no ayuno los sábados; en cambio, ayuno los sábados cuando estoy en Roma. Haz lo mismo y atente siempre a la costumbre de la iglesia del sitio en que te halles". Por su parte, San Ambrosio tenía a Mónica en gran estima y no se cansaba de alabarla ante su hijo. Lo mismo en Milán que en Tagaste, Mónica se contaba entre las más devotas cristianas; cuando la reina madre, Justina, empezó a perseguir a San Ambrosio, Mónica fue una de las que hicieron largas vigilias por la paz del obispo y se mostró pronta a morir por él.

    Finalmente, en agosto del año 386, llegó el ansiado momento en que Agustín anunció su completa conversión al catolicismo. Desde algún tiempo antes, Mónica había tratado de arreglarle un matrimonio conveniente, pero Agustín declaró que pensaba permanecer célibe toda su vida. Durante las vacaciones de la época de la cosecha, se retiró con su madre y algunos amigos a la casa de verano de uno de ellos, que se llamaba Verecundo, en Casiciaco. El santo ha dejado escrita en sus "confesiones" algunas de las conversaciones espirituales y filosóficas en que pasó el tiempo de su preparación para el bautismo. Mónica tomaba parte en esas conversaciones, en las que demostraba extraordinaria penetración y buen juicio y un conocimiento poco común de la Sagrada Escritura. En la Pascua del año 387, San Ambrosio bautizó a San Agustín y a varios de sus amigos. El grupo decidió partir al Africa y con ese propósito, los catecúmenos se trasladaron a Ostia, a esperar un barco. Pero ahí se quedaron, porque la vida de Mónica tocaba a su fin, aunque sólo ella lo sabía. Poco antes de su última enfermedad, había dicho a Agustín: "Hijo, ya nada de este mundo me deleita. Ya no sé cual es mi misión en la tierra ni por qué me deja Dios vivir, pues todas mis esperanzas han sido colmadas. Mi único deseo era vivir hasta verte católico e hijo de Dios. Dios me ha concedido más de lo que yo le había pedido, ahora que has renunciado a la felicidad terrena y te has consagrado a su servicio". 

    En Ostia se registran los últimos coloquios entre madre e hijo, de los que podemos deducir la gran nobleza de alma de esta incomparable mujer, de no común inteligencia ya que podía intercambiar pensamientos tan elevados con Agustín: "Sucedió, escribe en el capítulo noveno de las Confesiones, que ella y yo nos encontramos solos, apoyados en la ventana, que daba hacia el jardín interno de la casa en donde nos hospedábamos, en Ostia. Hablábamos entre nosotros, con infinita dulzura, olvidando el pasado y lanzándonos hacia el futuro, y buscábamos juntos, en presencia de la verdad, cual sería la eterna vida de los santos, vida que ni ojo vio ni oído oyó, y que nunca penetró en el corazón del hombre".

    Lo último que pidió a sus dos hijos fue que no se olvidaran de rezar por el descanso de su alma.

    Mónica había querido que la enterrasen junto a su esposo. Por eso, un día en que hablaba con entusiasmo de la felicidad de acercarse a la muerte, alguien le preguntó si no le daba pena pensar que sería sepultada tan lejos de su patria. La santa replicó: "No hay sitio que esté lejos de Dios, de suerte que no tengo por qué temer que Dios no encuentre mi cuerpo para resucitarlo". Cinco días más tarde, cayó gravemente enferma. Al cabo de nueve días de sufrimientos, fue a recibir el premio celestial, a los cincuenta y cinco años de edad. Era el año 387. Agustín le cerró los ojos y contuvo sus lágrimas y las de su hijo Adeodato, pues consideraba como una ofensa llorar por quien había muerto tan santamente. Pero, en cuanto se halló solo y se puso a reflexionar sobre el cariño de su madre, lloró amargamente. El santo escribió: "Si alguien me critica por haber llorado menos de una hora a la madre que lloró muchos años para obtener que yo me consagre a Ti, Señor, no permitas que se burle de mí; y, si es un hombre caritativo, haz que me ayude a llorar mis pecados en Tu presencia". En las "Confesiones", Agustín pide a los lectores que rueguen por Mónica y Patricio. Pero en realidad, son los fieles los que se han encomendado, desde hace muchos siglos, a las oraciones de Mónica, patrona de las mujeres casadas y modelo de las madres cristianas.

    Se cree que las reliquias de la santa se conservan en la iglesia de S. Agostino.


    August 20

    Se busca gente...

     
     
    SE BUSCA GENTE...

    Que saque a pasear a sus niños, con el mismo entusiasmo que saca a
    pasear a sus perros.

    Que le hable a sus vecinos, como le habla a sus plantas diariamente.

    Que le sonría a los demás, como le sonríe todas las noches al
    televisor.

    Que le preste tanta atención a los que le rodean, como hace con su
    computadora.

    Que esboce una sonrisa cuando pueda mirar.

    Que salude cuando alguien se aproxima.

    Que escuche la naturaleza como si intentara escucharse a sí mismo.

    Que adore, mime y cuide a su familia, como adora, mima y cuida a su
    auto, o sus mascotas.

    Que esté siempre dispuesta a colaborar, como siempre está dispuesta
    a contestar su celular.

    Que cuando se mire en el espejo mire más allá y se mire el alma, no
    el armario que lleva encima.

    Que cuando hable, proponga, no que disponga ni sea conflictivo.

    En fin, se busca gente que huela a... "ser humano".
     
     
    August 12

    Olvidemos lo que nos hace daño...

     
     
    OLVIDEMOS LO QUE NOS HACE DAÑO

    Dos monjes iban caminando por el campo al atardecer. Mientras
    caminaba, oraban y reflexionaban. Un poco antes de acercarse a un
    río que tenían que cruzar, el cual no tenía puente para hacerlo, se
    les acercó una mujer de baja estatura, pidiéndoles que le ayudaran a
    cruzar el río. Uno de ellos inmediatamente dijo que sí, mientras el
    otro lo veía con mirada de desaprobación. El que se apuntó para
    ayudar a la pequeña mujer la subío en sus hombros y terminado el río
    la bajó de sus hombros, la mujer quedó muy agradecida con ese
    monje. Los monjes siguieron su camino y el que no aprobó la
    decisión empezó a reclamarle al monje que ayudó a la mujer a cruzar
    el río acerca de su comportamiento: ¿Por qué subiste a esa mujer a
    tus hombros?, ¿no sabes que en el convento nos tienen prohibido
    mantener contacto con mujeres?. El monje que había ayudado a la
    mujer no respondía a las preguntas de su compañero.

    Siguieron su camino y el monje insistía en sus preguntas, a lo que
    el otro monje no respondía. Poco antes de llegar al convento, el
    monje le volvió a cuestionar acerca de lo que había hecho y por fin
    el monje respondió: "Hace más de cuatro horas que esta mujer ya no
    está cerca de mi cabeza, pero sigue en la tuya. ¿Qué ganas con
    hacerte daño al tener en tu mente cosas del pasado?, ¿qué ganas con
    tener en tu mente cosas que a ti no te afectan?".

    Tenemos en nuestra mente acontecimiento o hechos que ya pasaron, que
    no nos gustaron y que nos siguen haciendo daño, cuando lo mejor es,
    si no podemos borrarlos totalmente de nuestra memoria, al menos
    hacerlos a un lado o recordarlos como un hecho del cual podemos
    aprender.
     
     
    August 05

    Sigue cantando...

     
     
    SIGUE CANTANDO

    Como cualquier buena mamá, cuando Karen supo que estaba esperando un
    bebé, hizo lo que pudo para ayudar a su hijo Michael de tres años a
    prepararse para una nueva etapa en su vida.

    Supieron que el nuevo bebe iba a ser una niña, y día y noche,
    Michael le cantaba a su hermanita en el vientre de su madre. El
    estaba encariñándose con su hermanita aun antes de conocerla.

    El embarazo de Karen progresó normalmente. A tiempo empezó su labor
    dep arto, pronto los dolores eran cada cinco, cada tres y finalmente
    cada minuto. Pero una complicación se presentó de repente Karen tuvo
    horas de labor de parto.

    Finalmente, después de muchas horas de lucha, la hermanita de
    Michael nació, pero en muy malas condiciones. La llevaron
    inmediatamente en una ambulancia a la Unidad de Cuidados Intensivos,
    sección neonatal del Hospital St. Mary en Knoxville, Tennessee.

    Los días pasaron y la niña empeoraba. Los pediatras tuvieron que
    decirle finalmente a los padres las terribles palabras: "Hay muy
    pocas esperanzas, prepárense para lo peor". Karen y su esposo
    contactaron al cementerio local para apartar un lugar para su
    hijita.

    Ellos habían creado un cuarto nuevo para su hija y ahora se
    encontraban haciendo arreglos para un funeral.
    Sin embargo, Michael, les rogaba a sus padres que le dejaran ver a
    su hermanita. "Quiero cantarle", decía una y otra vez.

    Estuvieron dos semanas en Terapia Intensiva y parecía que el funeral
    vendría antes de que acabara la semana. Michael siguió insistiendo
    que quería cantarle a su hermanita, pero le explicaban que no se
    permitía la entrada de niños a Terapia Intensiva. De pronto Karen se
    decidió. Llevaría a Michael a ver a su hermanita, ¡la dejaran o no!
    Si no veía a su hermanita en ese momento, tal vez no la vería viva
    nunca.

    Ella le puso un overol inmenso y lo llevo a Terapia Intensiva,
    Michael parecía una enorme canasta de ropa sucia. Pero la jefa de
    enfermeras se dio cuenta de que era un niño y se enfureció. "¡Saquen
    a ese niño de aquí ahora mismo! No se admiten niños aquí" El
    carácter de Karen floró y, olvidándose de sus lindos modales de
    dama, que siempre la habían caracterizado, miró con ojos de acero a
    la enfermera, sus labios eran una sola línea y con firmeza dijo: Él
    no se va hasta que le cante a su hermanita" y levantó a Michael y lo
    llevó a la cama de su hermanita.

    El miró a la pequeñita, perdiendo la batalla por conservar la vida.
    Después de un momento empezó a cantar con la voz que le salía del
    corazón de un niño de tres años. Michael le cantó: "Eres mi luz del
    sol, mi única luz, tú me haces feliz cuando el cielo es gris...."
    (conocida canción en inglés "You´re my sunshine").

    Instantáneamente, la bebé pareció responder al estímulo de la voz de
    Michael, su pulso se
    empezó a volver normal. "Sigue cantando, Michael" le pedía
    desesperadamente su mamá con lágrimas en los ojos. Y el niño
    seguía: "Tú no sabrás nunca, querida, cuanto te amo, por favor no te
    lleves mi luz del sol... "Al tiempo que Michael cantaba a su
    hermana, la bebé se movía y su respiración se volvía tan suave como
    la de un gatito cuando lo acarician. "Sigue cantando, cariño" le
    decía su mamá y él continuaba haciéndolo como cuando todavía su
    hermanita estaba en el vientre de su madre. "La otra noche, querida,
    cuando dormía, soñé que te abrazaba en mis brazos..." seguía
    cantando el niño; la hermanita de Michael empezó a relajarse y a
    dormir con un sueño reparador que parecía que la mejoraba por
    segundos.

    "Sigue cantando Michael"... ahora era la voz de la enfermera que,
    con lágrimas en los ojos, no dejaba de pedirle al niño que
    continuara. "Tú eres mi luz del sol, mi única luz del sol, por favor
    no te lleves mi sol..." Al día siguiente... la niña estaba en
    perfectas condiciones para irse a casa.

    La revista "Woman"s Day" lo llamó "El Milagro de la canción del
    Hermano". Los doctores le llamaron simplemente un milagro.