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    September 04

    El perro fiel

     
     
    Una pareja de jóvenes tenía varios años de casada y nunca había podido tener un hijo. Para no sentirse solos, compraron un cachorro y lo amaron como si fuera su propio hijo.

    El cachorro creció hasta convertirse en un grande y hermoso ejemplar. Siempre fue muy fiel, quería y defendía a sus dueños contra cualquier peligro, salvó en más de una ocasión a la pareja de ser atacada por ladrones

    Luego de siete años de tener al perro, la pareja logró tener el hijo tan ansiado. El matrimonio estaba muy contentó con su nuevo hijo y disminuyó las atenciones que tenía con el perro. Este se sintió relegado y comezó a sentir celos del bebé; ya no era el perro cariñoso y fiel que tuvieron durante siete años.

    Un día, la pareja dejó al bebé plácidamente dormido en la cama y ambos fueron a la terraza a preparar una carne asada. Cuál no fue su sorpresa cuando se dirigieron al cuarto del bebé y vieron al perro en el pasillo con la boca ensangrentada, moviéndoles la cola.

    El dueño del perro pensó lo peor, buscó su arma y mató al perro en el acto. Después, corrió al cuarto del bebé y encontró una gran serpiente degollada.

    El dueño comenzó a llorar y a exlamar: ¡He matado a mi perro fiel!

    Cuántas veces hemos juzgado a las personas; lo que es peor, las juzgamos y condenamos sin investigar a qué se debe su comportamiento. Muchas veces las cosas no son tan malas como parecen, sino todo lo contrario.

    La próxima vez que nos sintamos tentados a juzgar y condenar a alguien, recordemos la historia del perro fiel.

    Así aprenderemos a no levantar falsedades contra una persona, hasta el punto de dañar su imagen y reputación.

    Debemos darnos cuenta de que los sentimientos de las personas son frágiles y fáciles de dañar, pero difíciles de sanar. 
     
     
     

    La primavera siempre vuelve

     
     
    Recuerdo que un invierno mi padre necesitaba leña, buscó un árbol muerto y lo cortó. Pero luego, en la primavera, vio desolado que al tronco marchito de ese árbol le brotaron retoños.

    Mi padre dijo: Estaba yo seguro que ese árbol estaba muerto. Perdió todas las hojas en el invierno. Hacía tanto frío, que las ramas se quebraban y caían como si no le quedara al viejo tronco ni una pizca de vida. Mas ahora advierto que aún alentaba la vida en aquel tronco.

    Volviéndose hacia mí, me aconsejó: Nunca olvides esta importante lección. Jamás cortes un árbol en invierno. Jamás tomes una decisión negativa en tiempo adverso.

    Nunca tomes las más importantes decisiones cuando estés en tu peor estado de ánimo. Espera. Sé paciente. La tormenta pasará. Recuerda que la primavera volverá.
     

    Cual es tu valor?

     
     
    ¿CUAL ES TU VALOR?
     
    El joven se acercó al maestro en búsqueda de
    un poco de sosiego:
     - Maestro, -le dijo al viejo- me siento inseguro,
    nada me resulta como yo quiero. Todos me dicen
    que soy un tonto y que no sirvo para nada.
    Sólo me critican, sin valorar lo que hago.
    ¿Me podrías ayudar?
      - Ahora no me es posible muchacho -respondió
    el anciano-. Tengo mis propios problemas. Más
    bien ayúdame tú a mí a vender este anillo.

     El muchacho recibió la sortija de mala gana
    pensando que una vez más sus necesidades pasarían
    a un segundo plano.
      - Escucha, -dijo de nuevo el anciano-  ve al
    mercado y ofrécelo, pero de ninguna manera lo
    vendas por menos de una moneda de oro.
      El joven ofreció el anillo a muchas personas.

     La mayoría lo desdeñaba con desprecio, unos
    pocos se reían y escasamente alguno llegaba a
    mostrar interés.
    Alguien le propuso venderlo por dos monedas
    de plata y un candelabro de bronce, lo cual
    representaba menos de la mitad de lo que el
    maestro quería.

     El muchacho llegó a la conclusión que el viejo estaba loco, y que esa gran suma que
    pedía únicamente podría ser el resultado de un alto valor emocional.
    Dejando de lado esos razonamientos, el joven persistió haciendo lo mejor para ayudar
    al anciano, no obstante la tarea le parecía cada vez más difícil.

    Desanimado, decidió regresar y contarle al viejo lo acontecido:
      - Hice lo posible, pero aun los que parecían
    ser los más expertos no ofrecían una cantidad ni siquiera cercana a la que tú pides -contó
    el joven-  - Tal vez tienes razón. Quizás no conozco
    su verdadero valor  -replicó el maestro-. ¿Por qué no lo llevas donde el joyero y se lo muestras?
    No lo vendas por ninguna cantidad, sólo cuéntame lo que opina.
    Renegando por la terquedad del anciano, el joven llevó la alaja al joyero.
    Después de observarla detenidamente un rato,éste le dijo:
      - Ésta es una verdadera joya. Díle al maestro
    que le doy 58 monedas de oro, en realidad puede costar hasta setenta, pero, si tiene prisa, ésa
    es mi oferta.

     Cuando el muchacho, entusiasmado, le contó al viejo, éste tranquilamente respondió:
      - Tú eres como una joya valiosa: Si te sientes
    mal no es porque los demás no te valoren, sino porque tú mismo no te valoras lo suficiente.
    cree en tu valor y en el de lo que haces. Quienes no se percatan de lo que vales
    lo hacen por ignorancia.

    Si actuas sólo por buscar la aprobación de los demás te sentirás frustrado y vacío.
    Cree en ti y así encontrarás tu propia joya.